miércoles, 24 de octubre de 2012

El fiscal general y su imparcialidad

La mayoría de senadores y diputados han elegido al Dr. Ramiro Guerrero para el cargo de Fiscal General. Más allá de la ausencia de algunos parlamentarios de oposición, no era lógico que se repita una votación como la acaecida en el caso Gil, cuando la dimensión de dicha votación estaba vinculada a un cargo de las consecuencias de ejercicio de poder que importa su control. Y lo anoto de esta manera, porque lamentablemente fue así antes, lo es ahora y lo será a futuro. Cabe un ejemplo de poder: hoy, la sola imputación de un fiscal sirve para alejar del cargo a una autoridad electa en las urnas, con lo que se viola el principio de presunción de inocencia y se coloca al Ministerio Público en apéndice del gobierno de turno. En todo caso, en la elección de Guerrero pesaron los 2/3 y me parece cuando menos poco consecuente que ahora se pretenda reclamar por ello, más aún si en el pasado hubo una gran movilización por exigir se imponga como mecanismo de mayor transparencia institucional. Personalmente me declaré en huelga de hambre fiel a un norte principista que ahora no lo voy a cuestionar —menos desconocer— sólo porque el MAS haya ejercido el 66% de manera legal y democrática. Cierro este acápite subrayando que de dicha elección lo importante es que la misma haya provenido de la Asamblea, porque fue así que se dejó de lado un interinato nada auspicioso si todavía creemos en una posible independencia institucional del Ministerio Público. Anoto algo más. Aparentemente la noticia no fue novedad en círculos oficialistas debido a que días antes a la votación ya se suponía quién iba a ser el vencedor. Lo comprobé el viernes pasado, cerca al mediodía, en un encuentro casual, en el que un amigo masista me aseguró que el apellido del futuro fiscal iba a ser Guerrero.

De otra parte, el Presidente de la República ha calificado la elección como un “golpe a los neoliberales”. Sigo buscando interpretar lo que quiso decir, más allá de lo rimbombante que pueda sonar y de lo ciertamente irrelevante que sea en los hechos, el tema no pasa por golpe alguno, sino por aquilatar en su real dimensión el proceso y la elección de Guerrero, a la espera que no sólo haya sido electo el mejor, sino también, para que fruto de su asunción, la Fiscalía asuma el rol constitucional que le corresponde. Es evidente que, de acuerdo a los hechos, se trata de una persona vinculada al Gobierno, ya que fue constituyente del MAS y también uno de los 18 magistrados que fueron designados de manera interina para cubrir las vacantes en el Órgano Judicial, producto del ataque encarado en ese momento contra las autoridades judiciales. Más evidente no podía ser. Sin embargo, más allá de lo que se pueda opinar y creer, lo cierto es que tenemos un nuevo Fiscal General y lo menos que podemos hacer es darle el beneficio de la duda, aquella que abre la esperanza para que sus actos se desenvuelvan apegados a derecho y con infinita imparcialidad.

Por Cayo Salinas - Columnista - 24/10/2012 - La Prensa

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