domingo, 6 de enero de 2013

Niños pasas sus vacaciones escolares en la cárcel de San Pedro

Medio centenar de niños corre tras la pelota, los más grandes van adelante y empujan a los más chicos que caen uno encima de otro. Uno de los caídos agarra un ladrillo roto que encontró en el piso y persigue, para vengarse, al que lo derribó. De pronto una mujer grita: “Pablito, traiga acá el balón”, y como por arte de magia logra calmar a todos.

La mujer es Luisa Apaza y es la encargada de la guardería del Centro de Orientación Femenina (COF) de Obrajes, que acoge a los pequeños que viven con sus madres en ese penal, pero también recibe a los hijos de las internas que pasan sus vacaciones escolares dentro del reclusorio, junto a sus progenitoras.

El griterío nuevamente se apodera del patio de la guardería, que mide unos ocho metros de largo y que está repleto de niños que corren de aquí para allá. Son las 11:00 del miércoles 2 de enero y en el lugar no sólo sobresalen las voces infantiles, sino también un olor particular, mezcla de orina y el vapor de la sopa de hueso que se cocina en el comedor del penal, cercano al lugar.

La gobernadora de la cárcel, capitana Leticia Zapana, informa que en el penal viven 90 niños de hasta 12 años, pero el número se duplica en las vacaciones, cuando llegan otros 110 pequeños a vivir por un tiempo junto a sus madres.

Leticia, de siete años, y Abigail, de 12, son dos de los menores que llegaron el mes pasado a la cárcel de Obrajes aprovechando el receso escolar. En el penal de San Pedro los niños también pueden ingresar durante el receso escolar, informa el director de Régimen Penitenciario, Ramiro Llanos, quien comenta que a escala nacional hay 1.200 menores viviendo junto a sus padres presos.

“Venir a ver a mi mamá (a la cárcel) es divertido, me gusta jugar con mis amiguitas”, dice Leticia. “Pero unos chiquitos siempre me quitan mis juguetes”, acota Abigail mientras un grupo de niños le jala el cabello para llamar su atención.

Leticia y Abigail son hijos de la reclusa María Elena, quien entró al COF por segunda vez consecutiva debido a la Ley 1008.

Ellas dos, al igual que los otros hijos e hijas que pasan sus vacaciones en la cárcel, deben cumplir procedimientos al entrar al penal.

Lo primero es que le colocan un sello en alguna de sus manos y luego las policías realizan una revisión exhaustiva del maletín con ropa y enseres que llevan.

Una vez dentro, los chicos buscan la manera de divertirse; muchos están acostumbrados porque también se quedan, algunos fines de semana, junto a sus mamás. Varios se reúnen con los amigos que conocieron en su anterior vacación o en sus días de visita.

“Apenas llegué fui corriendo a buscar a mi hermano (que vive en la cárcel) para darle una sorpresa, él no sabía que iba a venir”, cuenta Juan, de unos diez años.

Proceso

En noviembre, cuando se aproximan las vacaciones escolares, las madres del penal efectúan una solicitud a trabajo social para que los funcionarios de esta repartición entrevisten a las reclusas y realicen un informe que se deberá enviar a la Gobernación de la cárcel. Esta entidad es la que da la autorización.

Llanos comenta que es un momento de unidad familiar. “Las madres y los padres extrañan a sus hijos y en vacaciones los reciben, es una especie de vacación, tal vez no tienen otro lugar donde ir, tal vez sus madres trabajan o no tienen familiares”.

“Las mamás se desesperan cuando no están con sus hijos, así que para que estén más tranquilas se hace un informe y se les autoriza la tenencia del niño en la cárcel”, comenta Verónica Larrea, funcionaria de trabajo social del centro reclusorio y más conocida entre las internas como la “licenciada”.

Pero también hay pequeños que pasan sus vacaciones en la cárcel porque no tienen quien los cuide durante el receso escolar. Es el caso de los hijos de una de las reclusas oriunda de Yungas y que están a cargo de sus abuelos, que viajan en verano a una propiedad que tienen en esa zona.

“Normalmente vienen a la cárcel el sábado y se van el domingo para que vayan al colegio, pero como no hay con quién dejar a mis hijos en vacaciones les digo a mis papás que lo traigan”, cuenta la interna.

Actividades

En el penal los pequeños no sólo se dedican a estar con su madre y jugar, ya que también asisten a talleres de computación y lectura en la guardería del lugar.

Sin embargo, el 2 de enero, cuando estuvo la periodista de Página Siete visitando el centro, todo era griterío, juego y risas.

De pronto, cuando la reportera está por irse, varios dedos pequeños y melosos le agarran sus manos. Son cinco niños y niñas que acompañan a la periodista hasta la puerta. Leticia se acerca, le da un beso pegajoso en la mejilla y se despide. Segundos después, da media vuelta y vuelve al interior del penal.

Página Siete

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