jueves, 7 de febrero de 2013

Nueva Constitución Política del Estado: Un parto doloroso que nació entre luces y sombras

La Paz, 7 Feb. (ANF).- La nueva Constitución Política del Estado (CPE) nació bajo la sombra de las “correcciones” del texto aprobado en la ciudad de Oruro y que finalmente fue sometido a Referéndum el 25 de enero de 2009, recibiendo el 61.43 por ciento de apoyo de los votantes y empezó un tránsito que tomará alrededor de diez a veinte años para su completa reglamentación y adecuación de todo el aparato legal que rodeó los últimos 46 años al Estado republicano.

La Asamblea Constituyente fue instalada el 6 de agosto de 2006, en la ciudad de Sucre con un total de 255 constituyentes, de los cuales 137 eran representantes del Movimiento al Socialismo (MAS). Era la primera vez que una asamblea constituyente contaba con la participación de los indígenas; quienes fueron los y las principales protagonistas en plantearla y conquistarla. El 56% de los constituyentes se autoidentificaba con algún pueblo indígena del país. Por el origen y composición de la constituyente, indígena y popular, se escogió como presidenta a una mujer indígena, Silvia Lazarte.

Sin embargo, la actual Constitución proviene de distintas épocas. Primero data de 1967 cuando el Congreso de aquel entonces funcionaba también como Asamblea Constituyente, recogiendo diversas ideas que trataban de proteger y mostrar los vientos de la revolución nacionalista de 1952. Este impulso tuvo que ser modificado en 1994 para adaptarse a otras situaciones en la década de los años noventa, cuando las condiciones de economía de mercado buscaban resolver algunos problemas del modelo surgido el ‘52; sin embargo, la crisis de la democracia boliviana entre los años 2000 y octubre de 2003, con la caída del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, nuevamente motivó otro conjunto de cambios en la Constitución el año 2004.

La Constituyente significó una respuesta inicial del nuevo gobierno de Evo Morales a las demandas indígenas que parecían por fin –después de “500 años” como proclama en distintas oportunidades el Presidente–, haber encontrado una expresión política y representatividad sobre la base de un discurso radical que declaraba el fin del colonialismo interno, así como el comienzo de visiones multiculturales del Estado boliviano, abriendo oportunidades para encaminar la democracia hacia un conjunto de aspiraciones que provengan desde las diversas identidades étnicas.

Un elemento ideológico que caracterizó al debate en la Asamblea, fue la urgencia de terminar con el colonialismo interno en Bolivia. Ésta es una concepción planteada por las doctrinas indigenistas desde los años setenta, según la cual, lo pueblos indígenas, especialmente aquellos del mundo andino, sufren una constante explotación colonial que viene desde 1535, durante la dominación española hasta llegar a la actualidad. Por esta razón, surge un horizonte temporal de largo aliento que exige respuestas políticas y luchas por el poder a favor de las culturas ancestrales. “La Asamblea Constituyente se convirtió para varios pueblos indios en un estandarte de apertura democrática y pugnas de dominación”, como afirma el sociólogo Franco Gamboa Rocabado.

Desde otra perspectiva, la Asamblea Constituyente debía instituir el basamento desde el cual pueda completarse la permanente y nunca acabada construcción del Estado Nacional, interrumpida por las contradicciones de la revolución nacional desde 1952 y desvirtuada por el oleaje de una economía de mercado cuyas políticas neoliberales en los años noventa habían destruido gran parte de las capacidades del aparato estatal, perpetuando la desigualdad y fragmentando las posibilidades para que los bolivianos y bolivianas se reconozcan como una compacta unidad nacional.

GOBIERNO DE TODOS: Una vez que el Movimiento al Socialismo (MAS), llevó a Evo Morales a la Presidencia de la República, el 6 de agosto de 2006 tuvo dos connotaciones trascendentales en la historia de Bolivia.

El primero de ellos marcado por un desfile que congregó a 36 etnias de toda Bolivia, con lo cual se ratificó una de las influencias dominantes: la orientación indigenista y multicultural en el proceso constituyente, sobre todo defendida por el MAS como primera mayoría estratégica en la Asamblea. La visibilidad indígena salió a plena luz, democrática y claramente desafiante para obtener poder, exigiendo reconocimiento al fomentar un diálogo entre las viejas prácticas de la democracia sustentada en los pactos de gobernabilidad y las expectativas liberadoras del movimiento indígena.

El segundo aspecto es la fuerte ascendencia indigenista en el proceso constituyente que surgió como un distintivo político, difundiendo un discurso fuertemente crítico en contra de la democracia liberal representativa, considerada como un régimen que reproducía una sociedad fracturada e intolerante para aplicar los moldes de la ciudadanía forzada como imposición del modelo civilizatorio occidental.

Para el analista Carlos Toranzo “el Estado nuevo sólo puede surgir en demasiados años. Se necesitará unos diez años para reglamentar la nueva Constitución y diez años son un periodo muy largo en Bolivia. Vamos a vivir épocas muy traumáticas de creer que el nuevo Estado ya existe, pero utilizando las instituciones del Estado anterior”.

En tanto que para el constitucionalista Carlos Alarcón Mondonio, la promulgación de la nueva Constitución significa la convivencia entre la antigua y nueva Carta Magna, debido a que el Congreso Nacional debe cumplir con ciertas tareas aún, como la aprobación de las 100 nuevas leyes del Estado Plurinacional y que están en proceso.

ANF

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Emblema de la justicia en Bolivia.