jueves, 19 de abril de 2018

Políticos y gobernantes: Insensibilidad e incongruencia

Por: Oscar A. Heredia Vargas

El síndrome de Pilatos ha recorrido los siglos y contaminado a algunos gobernantes y políticos. Es mucho más fácil esconderse detrás de un discurso elocuente que asumir con honestidad sus hechos y sus responsabilidades sociales. El síndrome de Pilatos se caracteriza por la omisión, disimulo, negación del derecho, del dolor y de la historia de los demás” (A. Cury, 2006).

En los países democráticos, los gobernantes y los liderazgos políticos deben buscar el bien común -“su objetivo es la representación de los intereses de la ciudadanía-. Heifetz define que “los lideres movilizan a la gente para que enfrente sus problemas”. Nuestra realidad nos muestra lo contrario, gobernantes y políticos, hoy, movilizan a la gente para beneficio partidario, propio e ideológico y para beneficiar a los grupos de interés.

Los últimos acontecimientos -censura, represión y persecución o inseguridad, crimen y dolor o refugiados, presos y muertos o hambre, miseria y desaliento- nos impulsan a pensar que nuestros gobernantes y políticos se olvidaron del rol o papel que deben jugar. Dejar que personas con necesidades de salud, de alimento, de educación, de justicia y de seguridad no puedan tener esos satisfactores, es insensibilidad e incongruencia ideológica. ¿Acaso su tarea principal no es apoyar a las personas que se encuentren en condiciones de desamparo?

Ninguno podríamos negar que la sociedad, hoy, vive una crisis de líderes, dicha crisis es como una devaluación de valores -“utilitaristas, pragmáticos, clientelares, antidemocráticos, indiferentes en contra posición de la solidaridad, la justicia, la equidad, la libertad y el bien común cuya filosofía inducen y reafirman la dignidad del ser humano”-.

Las actitudes y los comportamientos de los gobernantes y de los líderes políticos que tuvieron y tienen la oportunidad de ejercer el poder, a lo largo de la historia de nuestros países, nos demostraron y nos demuestran en mayor y menor magnitud la inconsciencia en su actuar. Los que renegaron, repudiaron y lamentaron en todos “los idiomas” las injusticias cometidas a nombre de ideologías rebasadas por los hechos y actos realizados por personas en el poder, son ahora confrontados con su mismo discurso.

Ante la crisis de valores y líderes, Siliceo nos propone “crear una nueva cultura -“cultura humanizante”- que haga germinar la Biofilia (amor a la vida) que luche contra quienes desunan, desintegren, devalúen y asfixien de manera paulatina el amor por el prójimo”. Significa luchar contra quienes nos ofrecen la cárcel física -personas presas por solidarias y consecuentes- y peor aún contra quienes nos quieren enclavar en nuestra propia cárcel mental para que estemos incapacitados de expresar nuestros ideales y nuestros pensamientos para convertirnos en humanos sin “ciudadanía democrática”.

Vencer, el colectivismo clientelar, “la paranoia del materialismo no inteligente, el individualismo mezquino, el pragmatismo irracional” y el usufructo incorrecto del poder, apoyados en el “altruismo de la inteligencia” -la solidaridad, la cooperación social y la preocupación del dolor de los demás-.

No, a la insensibilidad y a la incongruencia. No, a Pilatos.

(*) Docente Emérito UMSA

jueves, 5 de abril de 2018

Injuria desde el lado jurídico

De la lectura del art. 287 del CP, se estima, en una interpretación literal que en su estructuración, no se exige un determinado móvil especial por parte del sujeto activo como elemento configurador de la conducta tachada de injuriosa; de lo que el dolo se constituye entonces, cual impone el art. 13 quater del CP, el elemento subjetivo que lo compone. Bajo esa comprensión el hecho injurioso es atribuible a quién obra para agredir la honra o el crédito ajeno del sujeto pasivo, sabiendo que con su acción ha de atacarlo o conociendo la posibilidad de esa ofensa, llenando de tal cuenta los requisitos del dolo en la configuración del tipo penal de injuria, en armonía con el concepto otorgado por el art. 14 también del CP.

La inferencia de la existencia del dolo en el análisis de la conducta injuriosa, emerge de la intención que se expresa en forma inteligible, que no preste lugar a dubitaciones sobre el actuar del agente, desplegada en el mundo material y capaz de ser percibida sensorialmente, y dirigida finalmente a lesionar la dignidad o el decoro del sujeto pasivo.

Esta Sala comprende que se configura el delito de Injuria cuando el bien jurídico protegido es atacado a través de expresiones en absoluto ofensivas, entendiendo como tales las que sean:

a) Oprobiosas, según el contexto y medio expresados;

b) Impertinentes o innecesarias para expresar opiniones, tengan o no relación con lo manifestado; y,

c) Peyorativas en su significado gramatical y semántico, no susceptible de ambigüedad, tomando en cuenta las circunstancias del contexto en que fueron lanzadas situaciones concurrentes, anteriores y simultáneas a la manifestación.

El tipo subjetivo en el delito de Injuria, como ya se dijo anteriormente, es el dolo, constituido por la conciencia y la voluntad de injuriar, para identificar el mismo es preciso, además de contar con la manifestación material y percibida de la ofensa a partir de la presencia de los puntos identificados en el párrafo anterior; tomarse en cuenta:

i) Las relaciones particulares entre sujeto activo y pasivo;

ii) El grado de reflexión por parte del sujeto activo; es decir, el cálculo y meditación con las que las ofensas son lanzadas, implicando ello la desestimación de una imprecación en un momento de ofuscación; y,

iii) La temeridad de la acción, entendida como la circunstancia material de espacio y tiempo en que son lanzadas las ofensas.

Es de relieve identificar que el dolo se configura, en la voluntad manifiesta de realizar una conducta que se conoce que, en función de su contenido y las circunstancias en que se emite, es capaz de lesionar de forma grave la dignidad o decoro del sujeto pasivo, entendiendo ello como la reputación y/o autoestima del mismo.

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