miércoles, 26 de septiembre de 2018

¿Qué es la Psicología Criminal?


La psicología criminal se dedica a estudiar el comportamiento, el pensamiento y el sistema de creencias de delincuentes, así como a investigar por qué se cometen crímenes.

En los últimos años ha existido un crecimiento del interés popular que ha surgido por el éxito de series como Mentes Criminales o CSI.

Este fenómeno tiene nombre dentro de la comunidad científica: el efecto CSI, por el que la gente tiende a sesgar sus concepciones sobre la Psicología criminal, en concreto, y la labor forense, en general, en base a series televisivas de este tipo.

En España, sin embargo, el trabajo de un psicólogo criminal dista mucho del que realiza el mismo profesional en América, donde éste tiene más protagonismo en, por ejemplo, los tribunales de justicia o en tareas de asesoramiento al Juez. En España un psicólogo criminal se corresponde frecuentemente a la figura del psicólogo forense, aunque con diferencias.

A pesar de tener roles parecidos, un psicólogo forense puede tratar temas que fluyen por la vía civil (por ejemplo, dotar de incapacidad laboral a una persona que ha sufrido un accidente), mientras que un profesional de la Psicología criminal trabajará únicamente con casos penales en los que ha tenido lugar al menos un delito.

El comportamiento criminal
Acabamos de explicar cuál es el trabajo del psicólogo de ámbito criminal, así como las diferencias entre un profesional de la Psicología criminal y otro de la Psicología forense. Sin embargo, cabe preguntarse ahora cómo es el comportamiento de un delincuente y analizar qué lo hace distinto al de una persona que cumple los criterios de la normalidad.

Un delincuente no ha de ser un individuo con un trastorno, ya sea de personalidad o no, sino que si lo miramos desde el punto de vista cognitivo-conductual puede haber estímulos antecedentes (comportamientos y cogniciones) que lo conducen a cometer un acto criminal o delito.

Pongámonos en el ejemplo de una persona sin historia de trastornos mentales, con un CI normal y con una personalidad no patológica que es despedida del trabajo y desahuciada de su casa. No quiere decir que esté justificado hurtar en estas circunstancias, pero este caso resulta la ejemplificación de una persona psicológicamente normal y sin recursos que se ve “obligada” a sobrevivir cometiendo actos penales.

No obstante, hay verdaderos casos de delincuentes que cometen delitos mayores (asesinatos, homicidios, agresiones sexuales) que están fuera de todo criterio de normalidad y de los que hablaremos en los siguientes párrafos.

Factores que inciden en el comportamiento criminal
Antes que nada, hay que aclarar que ningún factor o conjunto de ellos conllevan inexorablemente a que una persona delinca. Sin embargo, y como es lógico pensar, un grupo de factores de riesgo aumentan la probabilidad (o predisponen más) de que alguien tenga tendencia a la criminalidad.

Tradicionalmente, y sobre todo en Ciencias Sociales, se tienen en cuenta dos tipos de variables a la hora de explicar el comportamiento: por un lado, la genética o la biología; por otro, los factores ambientales.

Hoy, además del bagaje genético (rasgos temperamentales, predisposición a ciertas enfermedades, etc.) y ambiental (estimulación temprana, entorno de crianza, educación y desarrollo, etc.) se tiene en cuenta, como variable aislada, el comportamiento social o las interacciones sociales.

Este factor social se hace aún más relevante a la hora de acudir a las modernas explicaciones sobre conducta criminal. Por ejemplo, la teoría de E. Sutherland promulga que el delincuente actúa como tal porque elige rodearse de un grupo de iguales que fomenta los actos delictivos o violentos.

Pasemos ahora a enumerar qué cuestionen, tanto genéticas como ambientales/sociales, favorecen la predisposición al acto delictivo:

Variables genéticas
Temperamento agresivo
Historial de enfermedades mentales en la familia, tales como la esquizofrenia. No obstante, hay que ser cautelosos en este aspecto debido a que los estudios muestran resultados contradictorios en cuanto al porcentaje de heredabilidad de los trastornos psicóticos, por ejemplo. Sin embargo, sí se sabe que la componente genética está presente, en mayor o menor medida, en la presencia de enfermedad mental.
Factores ambientales y sociales
Status socioeconómico bajo.
Problemas financieros como, por ejemplo, una deuda.
Falta de apoyo por parte de las Instituciones o de Servicios Sociales.
Haber crecido en una familia cuyos progenitores o hermanos tengan antecedentes penales.
Tener amistad con grupos que promuevan las conductas agresivas o delictivas y el uso de la violencia para lograr fines.
Oportunidades laborales inexistentes o reducidas.
Ausencia de contención emocional.
Jerarquías familiares de carácter predominantemente patriarcal.
Como ya hemos dejado entrever, no existe el predictor por antonomasia del comportamiento criminal, aunque lo que acabamos de enumerar conforman precursores o “gatillos” que pueden desencadenar actos delictivos.

Hoy en día, tanto psicólogos como criminólogos estamos de acuerdo en que el mecanismo que conduce a una persona a delinquir es demasiado complejo como para que pueda ser vaticinado y controlado con una fiabilidad del 100%, aunque por supuesto podemos tomar medidas para evaluarlo y, posteriormente, prevenirlo.

Explicaciones al comportamiento criminal
A continuación vamos a hacer un repaso sobre las corrientes de pensamiento y los diversos puntos de vista que a lo largo de la Historia han tenido algo que decir sobre la génesis de la criminalidad. ¿Cómo se combinan todos los factores que hemos citado para que alguien cometa un delito?

Para controlar y prevenir el crimen, examinar y explorar por qué las personas cometen acciones así es muy relevante, y es precisamente de las teorías más influyentes en Psicología criminal de lo que vamos a hablar ahora.

La teoría de César Lombroso
Este médico italiano César Lombroso, padre de la Criminología, fue el precursor de la sistematización y del Positivismo científico de la Psicología criminal, haciendo toda una clasificación de los tipos de delincuentes y alcanzando su punto álgido con su obra “L’uomo delinquente” (1896).

Esta teoría venía a decir que un delincuente no se hace, nace. Lombroso terminó admitiendo que los factores sociales tienen su peso en la ecuación de la criminalidad, pero originalmente para él lo más importante era la carga genética y biológica, llegando a decir que las fisionomía y la anatomía estaban directamente relacionadas con la tendencia a delinquir de una persona.

Los rasgos físicos que más “predisponen” a alguien al acto delictivo eran, para Lombroso, una frente prominente, un mentón muy marcado y una espalda encorvada.

Aunque en el panorama científico actual las explicaciones biológicas que toman la genética de forma aislada para explicar la conducta están prácticamente obsoletas, aún sigue habiendo teorías que toman como bandera a los factores de tipo hereditario. Un ejemplo de ello es la Sociobiología del criminólogo norteamericano Jeffery.

La tesis psicoanalítica
La criminalidad también puede ser analizada desde la óptica del Psicoanálisis. Según éste, el comportamiento humano estaba relacionado con el proceso de formación de la personalidad a través de la interacción y del desarrollo desde la niñez, periodo durante el cual los conflictos personales están más en ebullición que nunca, según Freud y su maestro Charcot.

Como vemos, a diferencia de Lombroso, los autores psiconalíticos hacen hincapié en los problemas que se pueden dar en la infancia para explicar la psique criminal porque es en ese período donde la personalidad se configura y, por supuesto, la personalidad “delincuente” no es ninguna excepción.

De este modo, se entiende la conducta delictiva como originada por conflictos psíquicos no resueltos. Algunos de los conflictos psíquicos no resueltos son los sentimientos de culpa, el fracaso en la identificación con las figuras de referencia o el predominio de los instintos sobre la racionalidad.

Como ya sabemos, la terminología psicoanalítica es muy compleja, por lo que no nos vamos a detener en profundizar en ella. Conviene, sin embargo, mencionar algunas de las palabras más sonadas a la hora de explicar el comportamiento delictivo según el Psiconálisis.

Desde el triunfo del Ello (donde residen nuestros instintos más primarios), pasando por la ausencia del Superyó (donde se alojan las convenciones sociales y la conducta deseable) hasta la irresolución del famoso complejo de Edipo freudiano.

Las teorías de la socialización deficiente
Para las teorías de la socialización defectuosa o deficiente, la conducta criminal es un comportamiento aprendido a través de las distintas fases del proceso de socialización: familia, escuela o compañías son factores a tener en cuenta a la hora de ahondar en el origen de la criminalidad.

Entre los autores contemporáneos más destacados se encuentra Sutherland, precursor de la teoría de los contactos diferenciales: en la sociedad existen grupos que se comportan de acuerdo a las normas sociales y grupos transgresores de las mismas. La inclinación de una persona hacia uno de estos dos grupos marcará el futuro delictivo de la misma.
Estas teorías encuentran su aplicación sobre todo en bandas juveniles y crimen organizado: un grupo de personas (endogrupo) que conforman una red relacional cuyo objetivo es la criminalidad y que mantienen actitudes similares en torno a la idea de justicia y orden social, así como la promoción de actos violentos y delitos.

Las teorías de la socialización deficiente similares a la de Sutherland son las más aceptadas y estudiadas en la actualidad, sobre todo si exploramos los entresijos del crimen desde la visión sociológica.

Psicopatología asociada a la criminalidad
Aunque el hecho de ser diagnosticado con un trastorno mental no significa que una persona tiene todas las de ser un delincuente, sí es cierto que estadísticamente existe un gran número de casos en los que el crimen ha sido cometido por personas con alguna enfermedad o condición especial como, por ejemplo, la psicopatía o el trastorno antisocial.

Hablando de esto surgen dudas que a menudo lleva a los profesionales a confusión ¿es lo mismo un sociópata que un psicópata? ¿qué los diferencia? la respuesta la veremos a continuación.

Aludiendo a las grandes nosologías (La CIE-10, de la Organización Mundial de la Salud, y el DSM-V, de la American Psychiatric Association), éstas no contemplan la distinción entre sociópatas y psicópatas, sino que se refiere a sus características como trastorno de la conducta (antes trastorno disocial) y trastorno antisocial, respectivamente.

Sin embargo, Robert Hare, experto en Psicopatología criminal, sigue empleando el término psicopatía a la hora de realizar un diagnóstico. Veamos en qué puntos se diferencian estos conceptos.

Diferencias entre trastorno antisocial de la personalidad y trastorno y trastorno de la conducta (disocial)
En cuanto al trastorno antisocial de la personalidad (TAP), hablamos de personas extravertidas e inestables emocionalmente y caracterizadas por la hostilidad, la rebeldía y la ausencia de miedo ante el castigo y situaciones arriesgadas, así como por una baja tolerancia a frustración.

Suelen tener largos historiales de violación de los derechos de los demás, sin sentirse culpables por ello. Mentir y engañar forma parte de su conducta.

Acerca del trastorno de conducta, anteriormente denominado en el DSM-IV-TR trastorno disocial, suele ser diagnosticado en la infancia o en la adolescencia y los niños con esta condición suelen unirse a bandas juveniles.

Estas personas tienen una limitación en la actividad prosocial (de altruismo, por ejemplo), falta de remordimientos o culpabilidad, insensibilidad, carencia de empatía o afectos superficiales. Es muy común, asimismo, el maltrato animal a edades tempranas.

Existen también características que nos indican una alta probabilidad de que un niño desarrollo comportamientos antisociales graves en su etapa adulta. Esto queda reflejado en la denominada tríada homicida de R. Ressler, quién dedicó gran parte de su vida a perfilar la psique criminal.

Según Ressler, si un niño maltrataba reiteradamente animales, padecía de enuresis nocturna tardía (carencia de control de esfínter de la orina en la cama en los últimos años de la infancia) y piromanía, es probable que esa persona delinca en el futuro y que presente TAP.

Efectivamente, no todas las personas diagnosticadas con TAP o todos los niños o adolescentes con trastorno de conducta son delincuentes. Algunos muestran conductas de riesgo, frustración o, al ser personas normalmente muy inteligentes, pueden presentar facilidad para los negocios y otras habilidades de tipo intelectual.

Conclusión
A modo de conclusión, diremos que no existe el predictor universal para pronosticar un comportamiento antisocial, un delito o una trayectoria criminal de una persona, ya sea en su etapa infantil, adolescente o adulta.

Como psicólogos, sí podemos hacer una estimación o una aproximación a los rasgos conductuales que pueden de alguna forma potenciar el desarrollo de estos comportamientos indeseados y prestar especial atención a aquellos que consideremos más peligrosos.

En resumen, un factor de riesgo de forma aislada no significa el comienzo de una carrera delictiva, si bien por cada factor de riesgo que identifiquemos la probabilidad de que se den estas conductas aumentará.

Es por ellos que los profesionales dedicados a este campo han de amortiguar con factores de protección, que sensibilicen, eduquen y refuercen comportamientos prosociales y productivos para las personas que más potencial tienen para presentar en el futuro un TAP, por ejemplo.

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